La catedrática emérita de Filología Hispánica de la Universidad de Michigan (EE.UU.) María Luisa López Grigera es una de las mayores expertas mundiales en el Siglo de Oro español (especialmente en la obra de Francisco de Quevedo) y fue la primera mujer en pronunciar una conferencia inaugural en una universidad española, concretamente en la de Deusto. Nacida en La Coruña y afincada en Sevilla, fundó la International Society for the History of Rhetoric y es miembro honorario del Instituto de Cultura Hispánica de Houston. Fue amiga de Américo Castro, de Francisco Rico y de Dámaso Alonso, el presidente de la Real Academia de la Lengua (RAE) que la propuso como primera mujer académica de la historia de España, oferta que ella rechazó por considerar que había otras dos mujeres con más méritos. Patrona de la Fundación Goñi Rey, acaba de cumplir 100 años en Sevilla. -Una de las primeras personas que le felicitó tras ser elegida catedrática de Filología Hispánica en la Universidad de Michigan fue su colega Francisco Márquez Villanueva, otro de los grandes expertos mundiales en el Siglo de Oro español. -Sí, él me puso un telegrama en el que me llamaba hermana y se ponía a mi disposición para ayudarme en todo lo que necesitara. La Universidad de Sevilla no le ofreció un puesto de trabajo y siendo un filólogo tan bueno y reconocido tuvo que irse fuera de España a trabajar. -Y lo aceptaron en la Universidad de Harvard, una de las mejores del mundo. -Sí, no era un mal sitio (sonríe) para dejar en evidencia a quienes en la Universidad de Sevilla lo rechazaron. -Ese mismo rechazo lo recibió Antonio Domínguez Ortiz, uno de nuestros mejores historiadores en la misma universidad. -Nuestro mejor historiador. Una pena. -¿Sevilla ha sido desagradecida con algunos de sus hijos más ilustres? -Sí, pero creo que el ser humano, en general, es desagradecido. Es uno de los grandes pecados de los españoles. -Aparte de la envidia, que es el primero... -Sí, los dos están muy relacionados. -Para una mujer de su época ha debido de ser difícil abrirse camino en un mundo como el académico dominado entonces por los hombres. -Sí. Como anécdota, le puedo contar que cuando regresé a España desde la Argentina, las mujeres no podían invitar a los hombres a comer en los restaurantes. En el mundo universitario era habitual invitar a tus colegas cuando venían a tu ciudad y luego devolver esas invitación cuando tú ibas a la suya. En mi caso, tuve que aprender a cocinar e invitarlos en mi casa. Desde Platón para acá, se ha considerado a la mujer un ser incompleto. Todavía los médicos del siglo XVIII y XIX consideraban que las mujeres tenían los testículos para adentro y eso las hacía incompletas. -Pero hubo hombres que la apoyaron en su carrera. -Sí. Y quiero dejar claro que yo no no guardo ningún rencor a los hombres. Francisco Márquez Villanueva me apoyó mucho. Y Dámaso Alonso me propuso ser la primera académica de la RAE pero le dije que debía entrar antes otro lingüista. Me dijo que necesitaba una mujer y le dije que había dos que lo merecían más. Una de ellas era Carmen Conde, que fue al final la primera académica de la RAE. La otra publicaba sus trabajos con el nombre de su marido y por eso no entró, porque no tenía publicaciones. El que entró en la Academia era su marido. -¿Quién era? -Prefiero no decirlo públicamente pero eso pasaba mucho antes. A mí el filólogo y catedrático Francisco Rico, que me respetaba bastante, me llamó una noche a Estados Unidos, donde yo ejercía de catedrática de Filología Hispánica, para pedirme que un alumno o protegido suyo pudiera presentar como publicación suya un libro mío sobre temas hispanoamericanos. Creo que quería presentarlo como mérito para una oposición universitaria porque no tenía ninguna publicación. Yo le dije que estaba loco, que eso era un delito y una inmoralidad, y él le quitó importancia diciendo que publicar libros con el nombre de otro era algo habitual en España. Me puso por cara que me la estaba cogiendo con papel de fumar. o algo así. Éramos bastante amigos pero corté la comunicación con él. -Ya imagino... -En ese mundo en el que me movía los egos eran muy grandes. En un acto de homenaje a Rafael Lapesa la tuve con Camilo José Cela, que no había sido invitado inicialmente a ese acto. Fernando Lázaro Carreter no invitó a nadie de su familia el día de su ingreso en la RAE porque era de origen muy humilde. Su padre era carbonero. -Fue la primera mujer que pronunció una conferencia inaugural en una universidad española. -Sí, fue en la de Deusto. Esa universidad la dirigía un jesuita y al decano le despidieron cuando dejé la institución. Le dijeron que por no retenerme en el centro. -Usted recurrió hace cincuenta años a los ordenadores del Centro de Cálculo de la Universidad de Deusto para trabajar sobre las concordancias léxicas de la obra de Quevedo. ¿Qué le parece que una evolución de esas máquinas que entonces ayudaban a los filólogos sean ahora capaces de escribirlos gracias a la inteligencia artificial? -El cerebro no es lo mismo que la lengua. La lengua es una selección que el cerebro hace de todos los recursos que tiene. La inteligencia artificial me parece algo muy vago y sin profundidad. - ¿Qué opina de los resultados de los alumnos españoles de 15 años en comprensión lectora, matemáticas y ciencias que refleja el último Informe PISA? -Naturalmente es muy preocupante. La comprensión lectora permite el pensamiento crítico y uno no existe sin otro. Uno de los males de la educación en España es el sistema de evaluación, ni siquiera con matrículas de honor puede considerarse a un alumno actual bien preparado. En Galicia, mi tierra natal, se decía que las campesinas gallegas debían morder las monedas para saber si eran falsas o no. Para desarrollar el pensamiento crítico los alumnos no deben conformarse con repetir lo que les ha enseñado el profesor o limitándose a decir lo que el profesor quiere oír, sino morder las monedas para saber si son verdaderas o falsas. Y que hace una crítica del problema después de estudiarlo. -¿Las leyes educativas se han olvidado de la excelencia igualando por abajo a los alumnos de la ESO y abriendo de esa forma una brecha entre la educación pública y la privada que antes no existía? -El sistema educativo debería favorecer el pensamiento crítico de los alumnos para que no se queden en la superficie de las cosas. Es lo que siempre les he dicho a mis alumnos.