En el Dia de Todos los Santos suelo recordar a los viejos conocidos: Zorrilla, Bécquer, Mañara. Pero este noviembre ha llegado más de luto que nunca y quizás por eso, este año me han rondado otros fantasmas. Los que fui dejando durante más de dos décadas de viajes al DF, cuando creía que aquella ciudad inabarcable estaría siempre esperándome. Están en la cantina Salón Madrid, junto a la rocola que desgranaba canciones de José Alfredo mientras un tipo duro se emborrachaba a solas en un rincón. En los escribanos de la plaza de Santo Domingo y en las librerías Gandhi. Recuerdo la primera vez que pisé el Zócalo. Los murales del Palacio Nacional, la Catedral, las piedras ancestrales del Templo...
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