Es matemático: durante el invierno solemos consagrarnos a coloraciones monocromáticas, pero en cuanto asoma el verano le damos la bienvenida a
mechas y reflejos que
realcen nuestro bronceado, iluminen y rejuvenezcan nuestro rostro. ¿Y todo por qué? Pues porque con ellas logramos un
cambio de imagen sutil, un aspecto más relajado y tenemos la sensación de lucir un cabello más luminoso, con dimensión y profundidad.
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