En estos últimos años, salvo que sean viajes largos donde sí o sí necesitemos tener bastante espacio,
nos hemos acostumbrado a viajar ligeras. Una costumbre a medio caballo entre la imposición y la libre elección (el hecho de que muchas aerolíneas de bajo coste cobren suplemento por equipaje de mano ha sido determinante), que ha hecho que en las colas de embarque abunden las
maletas y mochilas grandes.
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