Con el verano recién inaugurado, tan solo podemos pensar en las vacaciones. Una de las sensaciones más plácidas de las jornadas cerca del mar es aplicar
perfume sobre nuestra piel justo antes de ir a cenar. Ese momento en el que regresas de la playa, te das una ducha rápida e inicias el ritual de preparación para salir a tomar algo. El último paso (y sin lugar el más importante) es pulverizar sobre nuestras muñecas y cuello nuestra fragancia favorita.
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