Es esta edición de Roland Garros una de las más extrañas que se recuerdan. Tanto en el lado femenino como en el masculino se sucedieron las sorpresas y convergen al final las dos mejores tenistas de estas dos semanas, Mirra Andreeva y Maja Chwalinska , que se debatirán la Copa Suzanne Lenglen este sábado 6 de junio (15.00 horas, Eurosport). La polaca, 24 años, es la irrupción más sorprendente de los últimos tiempos. Entró como la 114 del mundo y se clasificó para el cuadro final ganándose la plaza desde la previa. Sus tres semanas han sido de descubrir rondas, rivales y vivencias que la acompañarán de por vida. Y que la impulsarán en el botín económico y la clasificación, rondando ya las veinte mejores raquetas. «Estoy en una burbuja, no sé lo que está pasando. Me centro en cada partido. Cuando termine, tendré tiempo de respirar. Ahora iré a tomarme un té y a dormir», admite la polaca antes de exponer la fórmula del éxito: «Veía mucho tenis cuando era pequeña, soy una friki del tenis, y creo que eso me ayuda a estudiar a las rivales, a leer mejor el juego. Cuando empezaba a jugar, todo era sobre Roger Federer, luego llegó Nadal y Djokovic. Veo partidos de los tres y es como poesía. Estoy muy agradecida de haber crecido durante esa época». Es finalista de Roland Garros tras superar escalones y barreras y lógicas y desconciertos y hacerse conocida en un circuito que apenas sabía de ella. Sí lo hacía, claro, Iga Swiatek, compatriota con la que jugó eliminatorias de Copa Billie Jean King. Pero poco más en este mundo que se mueve entre marcas, que ella no lleva, y la pomposidad de los mejor clasificados. La polaca, a contracorriente, se ha hecho un hueco en la historia: primera tenista que alcanzar la última ronda desde la previa, y desde fuera del top cien. Con un tenis más metódico que potente, más paciente que definitivo, se ha abierto hueco derribando torres, barreras mentales y prejuicios. Que también se puede llegar con otros caminos fuera de los canónicos. Porque el tenis le daba ansiedad y estuvo una temporada buscando aire fuera de las pistas. Porque su atuendo cambia y cambia cada jornada porque no hay patrocinadores que la vistan ni que pinten su camiseta. Ya llegarán. Sus rivales ya la conocen, y han sufrido lo bien que sabe leer las grietas ajenas, el golpe que puede dañar más, la resistencia que puede con todos los ataques. Cayeron Mertens (6-4 y 6-0), Sakkari (1-6, 6-3 y 6-2, único set perdido en el camino), Parry (6-3 y 6-2), Kalinskaya (7-6 (3) y 6-3) y Schneider (7-6 (4) y 6-4). Queda la guinda, esa final contra Mirra Andreeva , otra debutante en estas lides, pero con algo más de experiencia bajo los focos y los ojos del mundo. La rusa, 19 años y 8 del mundo, ha venido a comerse el mundo, por fin en el último día de un gran torneo después de insistir en cuanto a tenis y aprender tanto de los días buenos como de las desilusiones y frustraciones propias del tenis y de la edad. Está de una pieza, más fuerte que nunca, tanto de tenis como de cabeza, acompañada en este caminar hasta la gloria por Conchita Martínez, que de campeonas sabe un rato y ya llevó a Garbiñe Muguruza a plantar su bandera en Wimbledon 2017. A Andreeva la cogió mucho más pequeña, pero con un talento descomunal al que había adaptar a los grandes escenarios. Ha ido en progresión, dando buenos pasos, en ambición y en convencimiento. Tan poderoso su tenis que en 2025 se impulsó sobre todas sus rivales para levantar los títulos de Indian Wells y Dubái. Pero también había que aprender a gestionar el éxito, y le llevó un tiempo entender que lo que se gana una semana no sirve para ganar la siguiente. Está en ese proceso. Para este 2026, ya tiene dos copas en el zurrón, y ha dado el estirón en los Grand Slams en este París en el que se ha llevado por delante aMarina Bassols (3-6, 6-1 y 6-1, Marie Bouzkova (6-4 y 6-2), Jil Teichmann (6-3 y 6-2), Sorana Cirstea (6-0 y 6-3) y Marta Kostyuk (6-1 y 6-3). Capital este último choque porque la ucraniana la superó en la final de Madrid hace unas semanas. Así de rápido crece Andreeva. Tiene en el banquillo a Conchita Martínez, que fue campeona de Wimbledon y finalista de Roland Garros. «Creo que sí le puede ayudar que yo haya pasado por allí. Sé lo que está sintiendo. Me dio mucha felicidad ver cómo superaba a Kostyuk porque venía de perder dos partidos, y preparamos el partido a conciencia con cambios y verla que cumple y vienen los resultados es un inmenso orgullo», comentó la aragonesa antes de explicar este proceso de su pupila. «Es un trabajo de día a día, de mejorar cosas. Es muy temperamental, y es un trabajo de equipo para que esté lo más tranquila posible. Trabajar la parte mental, si estás bien de ahí, va ligado a lo físico. Y lo que le queda por trabajar, porque te reinventas hasta que te retiras. Se está viendo que está muy centrada, muy concentrada en lo que tiene que hacer y es un placer verla así. Cuando escucha tiene mucho talento y aprende y mejora muy rápido. Pero a veces, todos hemos tenido peleones. Ella es joven y todavía tiene que aprender. El tenis es muy largo y habrá altibajos, pero me está gustando que es un poquito más regular». «Está más madura, más consciente de lo que tiene que hacer, sabe lo que le funciona y es más fácil volver a repetirlo. Le recomendé tener una libreta y tiene varios apuntes de partidos. Le dije que escribiera cómo se ha sentido, qué ha funcionado y qué no, apuntes de golpes, frases de inspiración, recordar qué le funciona cuando algo no va bien. Soy la entrenadora y hay momentos en los que hace de todo, aunque su madre viaja con ella así que no tengo que hacer eso. Estoy uy encima de todo para que las cosas se hagan como se tienen que hacer. Es una chica que fuera de la pista siempre está feliz». Pero ambiciosa, y quiere su primer Grand Slam, aunque soporte con 19 años la responsabilidad del favoritismo.