Dabiz Muñoz es hoy uno de los mejores cocineros del mundo. Además, gracias a su talento, se ha convertido en un gran empresario, ya que su fortuna y su patrimonio no han dejado de crecer a medida que ha ido aumentando su éxito. Incluso aunque algunos de sus proyectos no han salido tan bien como esperaba. Además, su relación con Cristina Pedroche también ha hecho que la pareja adquiera un estatus superior. Ambos retroalimentan su fama. Sus apariciones son portada y todos sus movimientos tienen una gran repercusión, tanto en los medios de comunicación como en redes sociales. Sin embargo, la vida de Dabiz no siempre ha sido así. No siempre ha nadado en la abundancia económica ni en el reconocimiento apabullante. Hace ya algunas décadas tan solo era un chico del humilde barrio de La Elipa, una zona de Madrid perteneciente al barrio de Ventas y, a su vez, al distrito de Ciudad Lineal. La vinculación entre Dabiz y su barrio es muy fuerte, ya que el cocinero no ha dejado atrás esa identidad de clase obrera que tenía la zona en la que creció, una de las más tradicionales del este de la capital. Ese arraigo no solo está en su carácter, sino que también está en su cocina. Y es que el chef guarda muy buenos recuerdos gastronómicos de su infancia allí. Uno de ellos era la sopa de cocido de su madre, la cual ha intentado copiar utilizando sus amplios conocimientos, algo que nunca ha podido conseguir. «Mi madre cocinaba muy bien». «He intentado hacer la sopa mil veces en DiverXO, con todas las técnicas del mundo, y la suya sigue estando más rica. Hay algo en la memoria emocional de la comida de tu madre que la técnica no puede replicar». Sus padres le inculcaron parte de ese carácter que hoy en día tienen sus platos, admirados en todo el mundo. Pero en ellos también se refleja la humildad que desprende su barrio, repleto de 'currantes' como su progenitor. «Mi padre era muy trabajador». Gracias a ellos, nunca ha olvidado de dónde procede a pesar de los múltiples éxitos cosechados a lo largo de su trayectoria como chef. «Yo soy un chaval de La Elipa, un barrio humilde de Madrid. En mi casa no había lujos, pero nunca faltó de nada. Lo que soy hoy es el resultado de la disciplina que aprendí en ese barrio». Dabiz creció en un hogar tradicional entre la década de los 80 y los 90. Su padre trabajaba como funcionario de prisiones mientras que su madre se encargaba del cuidado de la familia y del hogar, con especial mano para la cocina, una pasión que después él heredó. Aunque Dabiz comenzó a interesarse desde muy joven por la cocina, no fue su única pasión de infancia, ya que era un enamorado de los deportes, algo que se tomaba muy en serio. Esa disciplina también la ha aplicado después con sus equipos de trabajo. Practicó judo llegando a ser subcampeón de España en categorías inferiores. Y también dejó sus pasos en el fútbol formando parte de las categorías inferiores del Atlético de Madrid. De aquella etapa ha heredado una resistencia física que ahora pone en práctica por muchas ciudades del mundo, ya que es un enamorado del 'running', el cual no solo usa para estar en forma, sino también como terapia de desconexión. Judo, fútbol... y cocina. Y es que desde los 10 años, Dabiz ya investigaba en libros de recetas, aprendiendo e imaginándose capaz de hacer creaciones imposibles y rompedoras. El chef pasaba horas en su cuarto poniendo a prueba sus conocimientos y maquinando recetas y combinaciones de ingredientes y alimentos que, no solo escapaban a la lógica de un cocinero medio, sino sobre todo a la mente de un niño tan pequeño. Como anécdota de aquellos años, Dabiz pidió un regalo a sus padres: acudir a cenar al restaurante Viridiana, de Abraham García. Aquella reunión, que sustituyó a un regalo al uso, supuso un esfuerzo económico para la familia, pero para él fue clave. Fue un click, ya que puso imagen a todos sus sueños. Fue la confirmación de que él algún día quería estar ahí, al otro lado. Y así fue cómo desde el humilde barrio de La Elipa surgió quien hoy es uno de los mejores cocineros del mundo. Todo conectó. Esta zona de Madrid, marcada por el carácter batallador e irreductible de sus vecinos, la mayoría de clase obrera, había surgido entre los años 50 y 60. Con el éxodo rural comenzó a crecer de manera imparable, pero nunca perdió ese carácter de pueblo que promovía que la vida se hiciera en la calle. Por ello, no era raro ver a Dabiz corretear entre sus plazas y rincones. Con su crecimiento, los vecinos, unidos, consiguieron llevar a cabo demandas hacia el Ayuntamiento de Madrid para mejorar sus condiciones de vida. Así fue como empezaron a llegar servicios básicos como colegios públicos o centros de salud. También se mejoró el asfaltado de las calles o la iluminación a través de farolas. Y el barrio, cuya fisonomía arquitectónica correspondía a las típicas viviendas de protección oficial de los años 60 y 70 fue ganando importancia. Entre aquellas calles estrechas repletas de edificios de ladrillo visto y fachadas rojas sin ascensor en las que sonaban los Burning, un grupo de rock que tuvo un gran éxito nacional entre los 70 y los 80 y que son de la zona, relucía con fuerza el parque del dragón, uno de los grandes iconos del barrio. Por allí han pasado todos los niños que se criaron en La Elipa, incluido el propio Dabiz Muñoz, quienes pasaban horas tirándose por el tobogán que surgía de la boca de la fiera. Hoy, este reclamo ha sido tapiado en su interior y permanece tan solo a modo de monumento del barrio. Este punto se unía a la Avenida del Marqués de Corbera, el centro neurálgico al concentrarse allí el comercio, el tráfico de autobuses y los paseos de los vecinos, Ambos constituían las dos grandes banderas de La Elipa, un barrio donde entre los 80 y los 90 aumentaron los niveles de delincuencia fruto de la entrada de drogas duras como la heroína. Aquel ambiente 'de calle' obligaba a los chicos a tener picardía y a estar atentos ante cualquier incidente. A cambio, desarrollaban una coraza que les proporcionaba una personalidad más fuerte, visible hoy en Dabiz.