Nos enseñó el orondo y morboso Hitchcock que, para realzar la estampa torera del héroe se necesita a un malvado que derrame litros de elegancia y veneno incluso mostrando un toque diabólico, pues sólo de ese modo se logra robustecer la figura del protagonista. El ejemplo clásico es el de James Mason en 'Con la muerte en los talones'. Si eliges al malo incorrecto cuando, debido a la desesperación que te ofusca, pasas al ataque, corres el riesgo de cometer un error irreparable. Por eso, me temo que el Gobierno cae en un grave fallo al propinar rabiosas cornadas contra don Juan Jesús Vivas, el jefe de Ceuta. El señor Vivas despierta nuestra ternura. Hasta Pablo Motos es más alto...
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