El Real Madrid contra el Barcelona: entre Mourinho, Juanito y una frágil paz
El Clásico es un partido menor para el Real Madrid comparado con el reto que es solucionar el vestuario. El partido, que suponía el último desafío de una temporada irregular y sin títulos, ha quedado en segundo plano tras conocerse el enfrentamiento durante dos días seguidos entre Fede Valverde y Tchouaméni. Álvaro Arbeloa llegó al banquillo para intentar sacar el mejor resultado posible de la plantilla y lo revelado esta semana deja entrever que la situación se le ha escapado de las manos. «El despacho no lo tengo dentro del vestuario del Real Madrid. Ojalá, así podría ser responsable de todo lo que pasa y controlarlo absolutamente todo. Si lo que se entiende de esta situación es que el entrenador tenía que haber parado todo esto, lo asumo», decía ayer sobre por qué la pelea entre los futbolistas se alargó durante dos días.
Cuatro partidos para Arbeloa
Al entrenador le quedan el Clásico de hoy y tres encuentros más de LaLiga, que pueden ser absolutamente intrascendentes y, tal como está el vestuario, absolutamente peligrosos. Mourinho asoma ya por el horizonte como la solución para poner riendas a una plantilla que no ha comprendido que su nivel de orgullo está muy lejos de su nivel competitivo. La misión de Arbeloa, pues, era conseguir resultados y exprimir, para bien, el vestuario; después, antes de esta semana, era ganar en el Clásico para alargar un poquito LaLiga. Ahora es intentar cerrar este capítulo sin más daños: «Para mí, hay un jugador que representa y que es el paradigma de lo que debe ser un jugador del Real Madrid, que es Juanito. ¿No se equivocó Juanito? Y yo creo que los madridistas estamos muy orgullosos de él. Es el único jugador al que cantamos cada partido porque entendió lo que es el Real Madrid. No sólo era un jugador con un talento descomunal, sino que defendió siempre este escudo, se dejó el alma en cada partido», respondió ayer el entrenador a la pregunta fundamental, la de la pelea. Fueron cuatro minutos de respuesta en los que sacó el comodín del mítico siete del equipo blanco. Ya lo ha utilizado varias veces, como cuando quiso elogiar a Fede Valverde tras el encuentro contra el Manchester City, cuando el centrocampista estaba más preocupado de jugar que de otra cosa.
La obsesión de Arbeloa
Arbeloa hizo una cerrada defensa de los suyos: «No voy a permitir que se aproveche todo esto para poner en duda la profesionalidad de mis jugadores, se están diciendo muchas mentiras. Es mentira que mis jugadores no sean profesionales. Es mentira que mis jugadores me hayan faltado una sola vez al respeto, es absolutamente mentira», dijo con contundencia. Y buscó otro culpable: el filtrador. «Que se filtren cosas que pasan en el vestuario me parece una traición al Real madrid, una deslealtad a este escudo y es algo que me entristece». Y hoy Clásico.