Era Vistalegre una sola voz cuando Francisco alzó la suya con un Himno de Valencia que llegaba a Paiporta, Sedaví, Benetússer, Massanassa, Chiva... Tantas y tantas localidades afectadas. «Gracias, Madrid, por vuestra generosidad», dijo el cantante –envuelto en la senyera– antes del solo de trompeta de Vicente Ruiz 'El Soro' –envuelto en llanto–. Se emocionaba el torero, se emocionaba la música, se emocionaba la afición. Había lágrimas de barro, lágrimas de agua, lágrimas de dolor, lágrimas de muerte. La muerte que no hay que esconder, la de esa muerte que lloraba el pueblo, el mismo que «salva al pueblo», como figuraba en varias pancartas. Y, también, lágrimas de esperanza. Era el Palacio de Carabanchel un altar de emociones, de corazones...
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