Vamos a ir pensando en cambiarle el nombre al río y bautizarlo con la actividad más lucrativa que lo convierte en una corriente de oro blanco. Desde Sanlúcar hasta la propia Algaba, ya pasada la capital andaluza, el viejo Guadalquivir es una pasarela para las narcolanchas. Abierta la ruta el siglo pasado para los yerberos de los campos marroquíes, las nuevas alianzas entre narcos colombianos y mexicanos con los «emprendedores» sureños, han apostado por la dama blanca que multiplica los beneficios y aún hace más rentable el tráfico fluvial. Mientras sale por el norte, la nieve entra por el sur, llegando desde el otro lado del charco, bien en grandes mercantes, bien en sofisticados narcosubmarinos como el que se logró...
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