Hubo un tiempo en que las Fuerzas Armadas salieron de la penumbra de los muros de los cuarteles para ganarse el respeto y el cariño de la sociedad española en escenarios lejanos y hostiles. Fue a partir de los años noventa, tras las guerras de los Balcanes (1992), cuando la ciudadanía descubrió de qué madera estaba hecho su Ejército. De la mejor. Luego vinieron Afganistán (2002), Irak, el Líbano, la lucha contra la piratería en el océano Índico y tantos otros rincones donde los uniformados españoles demostraron su altísimo valor operacional. El paso siguiente en este idilio entre el uniforme y la sociedad española llegó con la creación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) -gran acierto del Gobierno Zapatero-...
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