Pasadas setenta y dos horas del récord de
Ruth Chepngetich conservo la sensación que ya tenía el mismo domingo: se ha hablado muy poco del asunto. Puede ser una cuestión de machismo, como si el suceso de bajar de las dos horas diez en el maratón femenino no fuese equiparable a hacerlo de las dos horas en el masculino. O simplemente, incredulidad colectiva. Tras rescatar varias opiniones de expertos en la materia y sondear el sentimiento público, me inclino más por la segunda. Ruth Chepngetich es culpable de ser keniana. Su prodigiosa marca, 2h 09:56, está siendo juzgada por su procedencia. De ahí el
ghosting mediático. Entonces… ¿Somos más machistas o más racistas? La nueva pregunta clásica de
David Broncano no puede ser más oportuna.
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