Voy a serles muy sincero: llevo días masticando esta columna. La noticia de que Juan Carlos Aragón tenía una sentencia en firme por maltratar a su exmujer me ha sacudido en lo más profundo, dejando un vacío y una sensación de malestar en ese compartimiento irracional en el que las personas guardamos la admiración por gente a la que no conocemos. Idealizar es igual de peligroso que de humano, por eso la decepción siempre viene de la mano del encumbramiento. No les voy a mentir, en mi fuero interno he estado confeccionando coartadas para absolverlo, para quitarle hierro a la atrocidad. He buscado excusas para disculpar algo que jamás disculparía si hubiese sido cometido por otra persona. Me he entregado...
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