Para disfrutar de un veraneo inolvidable no hacen falta los lujos de una villa francesa en la Costa Azul, ni el encanto mágico de un isla griega ni la vorágine fiestera de Magaluf. A veces basta con escoger un lugar soleado y plantarse allí con un espíritu libre, aventurero, abierto a que pase lo que tenga que pasar. Eso es exactamente lo que hizo Jim Morrison a principios de julio de 1965, cuando terminó sus estudios de cine en la Universidad de California en Los Ángeles y se marchó con una mochila y unos pocos dólares en el bolsillo a pasar sus vacaciones en Venice Beach, un barrio bohemio que desde su fundación en 1905 había atraído a poetas, pintores, fotógrafos, escritores y cineastas. Nada más llegar fue a ver a Dennis Jakobs, un amigo de la facultad que vivía en un pequeño apartamento, quien lo vio tan desamparado que le ofreció dormir en la azotea con un colchón . Al final le dejó pasar allí casi todo el verano, sin saber que aquel edificio se convertiría en uno de los lugares más icónicos del rock de los sesenta: allí, en lo alto, se escribió gran parte del primer disco de The Doors. «Mi apartamento estaba a media cuadra de la playa», escribió Jakobs en el libro 'Un verano con Morrison' ('Summer with Morrison: The Early Life and Times of James Douglas Morrison'). «El alquiler era de treinta y cinco dólares al mes, una suma inimaginable en estos tiempos de inflación. «¡Qué demonios, puedes dormir en la azotea!», le dije a Jim. Su novia, Mary, lo había dejado para dedicarse al baile profesional, y se mudó conmigo sin un centavo». Jakobs describe el Venice Beach de 1965 como «un lugar detenido en el tiempo», muy diferente a lo que es hoy. «En aquellos días el aire era cálido y delicioso, con una fresca brisa marina que entraba directamente de la playa a la habitación. Era una época tranquila, sin prisas, relajada. En aquellos días teníamos tiempo para todo. Nada que ver con hoy, cuando la vida va a toda velocidad, arrastrándonos a todos, ¿y a quién sabe dónde? ¡La comida costaba solo 20 dólares al mes para los dos!». Jim pasaba los días y noches leyendo en la azotea y deambulando por la playa, sobreviviendo con una inamovible dieta diaria de alubias, yogur y naranjas y tomando notas de las sensaciones que le producía el LSD (por entonces aún legal) mientras se dejaba mecer por el sonido del romper de las olas y los graznidos de las gaviotas. Fue así como «el chico hambriento de Venice Beach se convirtió en algo más, en una especie de Norma Jean masculina, en el Dios del rock», cuenta Jakobs en el libro. «Él pertenecía a los románticos: Coleridge, Wordsworth, Goethe, Chopin, Liszt... Jim Morrison era uno de ellos. Me pareció que, a diferencia de otros compañeros de la escuela de cine, era un personaje fundamentalmente serio. En mi primera conversación con él, el tema derivó hacia la metempsicosis y su axioma central: que todo pensamiento es recuerdo (o como él dijo, anamnesis), un recuerdo de lo que había en la mente. Debido a sus pocos recursos económicos se convirtió en un consumado ladrón de libros y no paraba de leer». Según cuenta este testigo de excepción de la gestación del primer material de los Doors, en aquellos días Jim Morrison reflexionaba sobre sus opciones profesionales: «Decía: ' O escribo letras para canciones de rock and roll, o escribo novelas baratas de bolsillo , como westerns sobre 'Billy el Niño'», recuerda Jakobs, que pronto vería la evolución literaria de su amigo como un augurio. «Como escritor, Jim había trabajado sin un método, simplemente a la deriva. Ahora tenía un método: el concepto de una trayectoria hacia una determinada forma de vida que casi correspondía a su noción sobre la sexualidad masculina: un desarrollo largo, lento y rítmico, un pico pronunciado hacia arriba y luego un descenso repentino y abrupto». Un buen día, Jim recogió sus cosas y se marchó de la azotea con el cuaderno en el que había estado escribiendo la poesía que más tarde se convertiría en las letras del álbum 'The Doors', y en su camino hacia ninguna parte se topó con Ray Manzarek, otro compañero de clase, en el paseo marítimo de Venice West. Se sentaron en la arena para ponerse al día, y al cabo de un rato Jim le contó que había estado escribiendo «poemas y canciones», y le cantó a capela 'Moonlight Drive' . En ese instante nacieron los Doors. Manzarek quedó tan fascinado que invitó a Jim a ponerle música a sus palabras, y se fueron al apartamento del teclista a darle forma a la primera canción del grupo en un piano vertical. Después hicieron 'End of the night', 'The Crystal Ship', 'Hello, I Love You', 'Summer's Almost Gone' (algunas de ellas las guardaron para discos posteriores)... y el resto es historia: ese mismo septiembre entraron al estudio a grabar su álbum de debut. Más de sesenta años después, el edificio de apartamentos donde Morrison escribía bajo la luz de la Luna se ha convertido en obligado lugar de peregrinación para los fans de los Doors que tienen la suerte de viajar a la ciudad. Está en el número 14 de Westminster Avenue esquina con Speedway, pero no se preocupen porque no tiene pérdida: en su fachada luce el el 'Morning Shot', el más grande de los muchos murales en honor de Jim que se han pintado en el barrio.