A casi todo el mundo le da grima que le rocen el ombligo. No llega a ser doloroso, pero da una especie de pellizco o «repelús» que se siente casi dentro de la barriga. Lejos de ser una simple manía, esto tiene una explicación que depende directamente de cómo estamos conectados por dentro. El cirujano plástico Miguel Saldaña ha hablado recientemente sobre este tema en algunos de sus últimos vídeos en TikTok ( @drmiguelsaldana ) y ha explicado también por qué a veces aparece el llamado «ombligo de mentira» cuando se hace una cirugía de abdomen. La razón por la que esta pequeña zona resulta tan molesta tiene que ver con cómo se alimenta y se conecta con nuestro cuerpo desde que nos formamos antes de nacer. El doctor lo compara con un globo: «El ombligo se parece muchísimo a la boquilla de un globo cuando le hacemos el nudo. Por ahí le llega la circulación y la sensibilidad». Lo curioso es que los nervios que recogen esas sensaciones no se quedan solo en la superficie de la piel, sino que se meten hacia el fondo de la barriga. Como bien señala Miguel Saldaña, «la sensibilidad del ombligo es intraabdominal, es la sensibilidad de las tripas . Por eso a la gente le resulta tan desagradable tener un ombligo» o nota ese rechazo inmediato cuando alguien lo presiona. Al tocar ese punto, la señal viaja directamente hacia la parte interna de la tripa, provocando ese cosquilleo o tirón que a casi nadie le gusta. Cuando una persona se opera la barriga para quitarse la piel que le sobra y estirar el abdomen, remodelar el ombligo es una de las partes más importantes. Si no se hace bien, se nota mucho a nivel estético que la persona ha pasado por el quirófano. El cirujano explica que esto pasa cuando la marca del corte queda por fuera del hueco: «El ombligo de mentira se produce fundamentalmente porque la cicatriz que generamos alrededor del ombligo se sale claramente del ombligo. Se aprecia como una circunferencia externa que llama muchísimo la atención». Y es que al quedar como un redondel o un cerco visto por fuera, se nota enseguida que no es una forma natural, dando un aspecto poco estético. Es, en palabras de Saldaña, «defecto quirúrgico» . En estos casos, el cirujano debe «reconstruir» esa zona para que quede un ombligo natural, que es lo que se conoce como «ombligo de mentira». Para que la operación quede bien y nadie note la marca, la clave está en cómo se cose y en la profundidad que se le da a la piel: «En la abdominoplastia, en el estiramiento del abdomen, tenemos que conseguir que el ombligo sea pequeño y tenso , que tire hacia dentro invirtiendo la cicatriz para que quede en el interior del ombligo. Con eso no se percibirá». El objetivo siempre es conseguir que el hueco sea pequeño y que la piel tire hacia el interior. De esta manera, tal y como aclara el médico, la cicatriz queda oculta dentro del propio hueco y la barriga conserva un aspecto completamente normal, como si nunca se hubiera tocado en el quirófano. En cambio, «si queda como un ribete alrededor, será un resultado muy inestético».